Si creemos en Dios Impecable y perfecto, debemos admitir que el Judaísmo y el Cristianismo son Imperfectos
¿Por qué? Simplemente porque tanto una religión como la otra, son necesariamente limitadas a cosas, tiempo y lugares, pero Dios es infinito, eterno e inmanente. Si tales cosas, tales tiempos y tales lugares fueran impecables, o sea, sin ninguna mancha de pecados, serían el mismo Dios, cosa que cae de maduro que no es así.
Este será un resumen escueto y puntual respecto de un cuestionamiento amigo de un gran amigo judío que, como la mayoría de ellos, no acepta que Jesús de Nazaret es el Mesías prometido al pueblo judío.
En tiempos de promiscuidad exacerbada del periodismo con lo peor de la política, y las religiones “conservadoras”, el negacionismo subió de una cátedra de oro a la corona del saber máximo de los nuevos intelectuales de la nada. Y en ese contexto, el Judaísmo Macabeo vino fulguroso a substituir el bíblico que el Nuevo Testamento llama “espiritual y bueno” [Romanos 7. 12-25].
Antes, Jesús de Nazaret llamó de los cuatrocientos años intertestamentarios de vigencia de los Macabeos, cuando el Judaísmo espiritual se dividió en mil partes, de Sinagoga de Satanás, y el último de los escritores canónicos, el apóstol Juan en Apocalipsis vuelve a llamarlo así. Vale decir que aproximadamente 70 años después de los Macabeos, todavía ese Judaísmo no era confiable.
Ovadia Yosef (en hebreo, עובדיה יוסף) (Bagdad, Imperio otomano, 23 de septiembre de 1920) fue el Gran Rabino Sefardí del Estado de Israel entre los años 1973 y 1983, una de las autoridades de la ley judía (la halajá) más reconocidas de los últimos tiempos y la más importante.
Mientras que Maimonides nacido en 1135/03/30, y fallecido el 1204/12/13, es para la mayoría judía actual su principal referente, principalmente por sus trece [13] artículos de fe.
El negacionismo de mucho, más ambiguo e arbitrario en los actuales tiempos, perpetúa la negación de que el Mesías ya vino, basado en los traumas, las sospechas y conspiraciones contra el Catolicismo. No es para menos, puesto que de imperios políticos en pugna se trata: Imperio Otomano, Imperio Macabeos, Imperio Constantínico, Imperio Romano y otros aún vigentes en el imaginario social de los pueblos. El Catolicismo no creó ciertas creencias populares; sólo las descubrió, y los protestantes también lo distorsionan, inútilmente, puesto que la experiencia consistente de la fe y la ciencia desmontan muchas acusaciones políticas.
Dios es demasiado perfecto e infinito para caber en esa disputa, y en las razones de cada emperador y de cada ejército y de cada humanidad seguidora de ellos.
Pero la realidad del cumplimiento de las incontables profecías acerca del Mesías en el Tanaj, no se puede negar ni mínimamente. La única fuerza impertérrita que impide creer en el Mesías presente, es la rebelión interior por la soberbia y la petulancia humana, resultado del ADN del ángel caído llamado Diablo.
El apóstol de Jesucristo, Juan, dijo: “El vino a su propia tierra natal, y su propio pueblo no lo recibió. Mas, a todos los que le recibieron, a aquellos que ponen su confianza en su persona y su poder, Él les dio potestad de convertirse en hijos de YAHWEH; no por herencia sanguínea, ni por impulsos físicos, ni por intención humana, sino porque YAHWEH así lo dispuso. La Palabra se hizo carne y habitó entre nosotros, y nosotros vimos su Shejinah, La Shejinah del único hijo del Padre, lleno de inmerecida misericordia y verdad” [Biblia Kadosh Israelita Mesiánica].
Todos los humanos somos iguales ante la Ley de Dios y delante del Evangelio de Jesucristo. Nos es más fácil creerle a Santo Agustín, a Lutero, a Calvino, a Armínio y a Maimonides, y no en la realidad de YAHWEH hecho carne por Jesús de Nazaret.
Los judíos del capítulo 11 del libro Hebreos del Nuevo Testamento todos fueron los fracasados en intentar guardar la Ley, pero vivieron y murieron con los ojos puestos en el Mesías futuro, así como nosotros hoy podemos vivir con los ojos puestos en el Mesías pasado. A esto se le llama FE.
En tal narrativa, vemos milagros incomunes en cada caso. Hoy también, los que vivimos por la Fe y no por la Letra todavía confiable en el Tanaj y el Nuevo Testamento, pero no en los hombres, podemos experimentar la infinita riqueza de Dios en sus procesos hasta venir a vivir en corazones humanos que le creen así, misterioso y real.
Creemos que Dios creó la alborada, los montes, los vegetales, las praderas, y luego dio vida a los animales que creó, y finalmente a los humanos, pero paramos por ahí, petrificados por nuestras religiones, como si Dios dependiera de nosotros y de nuestras creencias para seguir procesando SU VIDA en cosas y personas como bien le plazca. Cuando creemos que realmente Él se hizo carne en Jesucristo, luego sólo disfrutamos su infinitud hasta en los mínimos detalles de la vida.
Yo soy un testigo que daría la vida por lo que ya viví y viviré de esa realidad de Dios generando a Jesús en el vientre virgen de una mujer, y sin la intervención del hombre, y de la Supremacía humana del divino Jesús por sobre todos los ángeles y humanos, incluido Satanás. En incontables manifestaciones del Diablo siempre que invoco el nombre que es sobre todo nombre, el nombre de Yahshúa, el Maligno huye, y las virtudes y los atributos de Cristo por la Fe me son incontables, oportunos, perfectos y completos, y absolutamente satisfacientes. ¿Complicar lo real, vale algo?
Tito Berry

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