“Evangélicos” argentinos, aprendam el Lunfardo!

A propósito del pedido por la paz del Papa Católico

Tal vez el lunfardo ni tanto es nuestra carencia, pero sí la idiosincrasia del porteño. No que yo me haya convertido en un enemigo de los de mi comunidad, o clase social, sino que, después de la barbarie en Brasil el 8 de enero del presente año de 2023 y en mi Argentina en el intento fallido de matar a nuestra Vice-Presidenta, me uní a estudiar las causas que lanzan tan maligno descontrol humano, y no puedo desentonar. Los protestantes mal llamados “evangélicos”, porque del Evangelio nada tienen, sí son causantes principales del caos sembrado. Veamos:

El católico porteño devota reverencia a las imágenes representativas de “santos”, de modo a que no les importan las filosofías políticas ni la clase social, que es capaz de matar por defender su religiosidad. El del interior ya no. Diferencias las arreglan con payé, maltrato al vecino, ridiculización, burla, desprecio, y ¡listo!

El Papa católico tiene mucho de porteño y habla bastante en mentalidad lunfarda o idiosincrasia porteña. Además, la mayoría de los argentinos desconoce que él tuvo una relación muy íntima y proficua con el grupo de pastores del Consejo Pastoral de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, entre los cuales se destacaba Juan Carlos Ortíz recientemente fallecido.

Los porteños piensan y hablan con un poco de poesía, otro poco de metáforas, bastante de retórica. Ortíz era hábil en ese estilo locucional. En una de sus más bellas ministraciones bíblicas, se agacha por sobre el púlpito y apunta hacia el suelo, graficando a Dios diciéndonos “Aquí estoy”. Los protestantes no aprovecharon para despreciarlo por eso, porque eran tiempos de un poco de vergüenza y timidez, pero ganas no les faltó, y murmuraciones sobraron, por cierto, y esto no es imaginación, es real: los protestantes se desviven apuntando a la paja en el ojo católico, despreciando el tronco en el suyo propio. Su hermano Rubén Ortíz le agarraba al Diablo del cuello imaginariamente, y de nuevo, imaginariamente le sacaba del templo con una patada en su trasero, lo llevaba hasta la puerta principal y lo soltaba afuera. Rubén también era porteño.

Yo tuve la oportunidad de tener a Francisco cuando era el jefe máximo del catolicismo en la Argentina a un escaso metro de mí, y de imponer mis manos sobre su cabeza para orar por él. Acompañé por mucho tiempo sus encuentros entre Jorge Bergoglio y los pastores, y en tedeums, y sé cuán cercado siempre estuvo de cristianos evangélicos. Yo mismo debiera ser condenado por estas relaciones “promiscuas” por simplemente no ejercer de juez sino de evangelizador no proselitista. Pero el grueso de los protestantes es extremadamente literalista y perseguidor de los católicos. ¡Se deleitan en apuntar las diferencias en ellos, pero arrepentirse de sus propios pecados que es bueno, nada!

Es muy probable que Francisco tenga ya un perfil de humildad cristiana verdadero, y si es falso, ni por eso podemos juzgarlo, pues, el único que conoce el corazón humano es el Señor Jesús. Si de hecho, es humilde de verdad, no sería extraño que pida a los paganos “oren por mí”, o que use de gentileza para decir al común de la población ¡por favor, no se peleen; denme un poco de paz! Además, él también ejerce simultáneamente a su episcopado la función de jefe político del Estado llamado Vaticano. No hay lógica en exagerar sus actitudes y palabras. Sino, lean al Presidente Alberto Fernández, a la Bullrich, a Vidal, a Macri, a Lilita, a Cristina…

… Cada disparate sueltan, que si no estudiamos el lunfardo y no tratamos de comprender la idiosincrasia de los porteños, un porteño radical en el exterior llenará los diarios del mundo diciéndose de él que apuntó tres veces con un arma de fuego a la presidenta del FMI a matarla, pero que el arma falló, pero ahora “el sujeto” ya fue alojado en Guantánamo, los argentinos analfabetos festejaríamos que lo maten. ¡Por favor, paren de condenar al otro! ¡Mírense cuán iletrados aún somos! Y cuánto de perfil cristiano necesitamos aun. No parecemos tener la paz de Dios cuando juzgamos la carencia de paz en los otros, o una simple manifestación social por la paz que es lo mínimo esperable de los gobernantes del mundo, y que nos debiera alegrar verlos concientes de su falta, aunque busquen por caminos equivocados.

Tito Berry  

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